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La derecha es corrupción.

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Privatizar para recibir regalos no es liberalismo.
Subvencionar a una oposición desde la empresa privada para que un gobierno no controle sus recursos naturales es fascismo.
La derecha ya sea en España o en Venezuela, ya sea en Europa o en América latina no ha dudado nunca en financiar golpes de estado: Cuba, Brasil, Argentina, Uruguay etc fueron gobernadas por dictadores en pleno siglo XX. Y detrás de todo estro están las mismas empresas y las políticas que desean que un país jamás sea soberano y que una empresa extranjera tenga más poder sobre los recursos naturales de ese país. La derecha solo desea mandar y tener cargos en un parlamento para destrozar el estado del bienestar a favor de destrozar la posibilidad de una nación basada en impuestos progresivos. No duda en transferir los recursos de un país a multinacionales que controlen las finanzas y la economía. Cuando un país tras una dictadura militar inicia un modelo de descolonización es tildado de radical, comunista y violento. …

El niño Torquemada.

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Somos dados a recordar nuestra infancia, fuese mala o buena, la frase de que todo tiempo pasado fue mejor es casi una generalización gratificante para mucha gente de todas las generaciones. Y es que la niñez es ajena al espíritu critico, al menos en su plano más filosófico o político, para poder de verdad ser consciente que ese juguete o ese plato de comida que tienes en la mesa, detrás, conlleva un esfuerzo y en la mayoría de los casos tragar dignidad frente a personas o situaciones ingratas y malvadas. La niñez es maravillosa, como aquel niño de la película La vida es bella. Cuantas cosas terribles nos hemos ahorrado gracias al teatro y la inteligencia emocional de nuestros padres. Porque no hay mayor crueldad que adelantarle la vida a un niño. Ya sea robando su infancia con el trabajo, las guerras, el sexo o la capacidad del juego dándole una dosis de realidad que no merece. La realidad hay que dosificarla. No en la ausencia de transmisión de valores, pero con tacto, creando una a…

Vino amargo.

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Nuestro sábado de Feria fue atípico y con desasosiego. Ni las medias botellas de fino ni el pescaíto frito pudieron evitar nuestras miradas más cómplices. El contexto era de lo más favorable para embriagarnos en esta feria tan hermosa llena de luz y de color pero nuestros pensamientos estaban en otra cosa. Nuestro compadre Emilio se marchaba. De los comensales, cómplices de toda la vida, sentados en la mesa, mi amigo en un rato saldría corriendo para la barriada de La Granja a regalar su adiós más íntimo a su madre, a dar el último retoque a la maleta, a abrazar a sus niñas y a besar a su mujer porque le esperaba un trayecto incómodo antes de que el avión en Málaga pusiese rumbo al país helvético. Quién nos iba a decir en esa plazoleta de la barriada de los ladrillos amarillos, en aquellos veranos interminables de nuestra inmadurez, que nosotros, los hijos de una generación con necesidades en la dictadura, que pudieron acceder, a grosso modo, tras la transición a un estado de bienest…

La matanza del cerdo.

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Como en la manera que matamos a un cerdo en un pueblo de España, de forma pública, barroca y ofreciendo viandas a los vecinos, así nos veremos ansiosos en un futuro, que no se me antoja ya tan utópico, con las manos llenas de sangre. Como la ultraderecha siga teniendo este auge en Europa o en EE.UU, tendremos que proclamar a boca abierta con temor que no somos homosexuales. Y expongo lo de la matanza del gorrino, en una comparativa que parece no tener relación, todavía, pero me explicaré: La Inquisición, tras relajar y expulsar a los judíos y hacer que por la fuerza abrazaran la cruz los antiguos pobladores de Al Ándalus, que profesaban la religión del profeta Mahoma, imprimió el miedo al ciudadano, que no dudó en manifestar que era cristiano comiendo el animal de estas formas para demostrar su cristiandad y hacer así visible ante la santa purga y sus vecinos que él sí comía jalufo, así no era denunciado, sus buenas costumbres a la hora de rezar quedaban contrastadas ante la muchedum…

Manolito y los problemas de memoria.

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Es curioso como la socialdemocracia llegó a nuestras vidas en España. Algunos dicen que tras un periodo “aperturista y paternalista” de la Dictadura, cuando ya era imposible engañar a Europa con más totalitarismo (yo no me trago esta teoría) teniendo que meter en la clase media a más gente, por aquello de la necesidad de consumidores. Quién sabe... En mi opinión esto empezó a fluir un poco cuando la “izquierda” gobernó de nuevo en el país, esa izquierda que ahora se devora desde su cúpula de dirigentes. Quizás por el mismo problema que le ocurre a nuestro protagonista, Manolito: En el auge del sector secundario en nuestra ciudad, antes de la llegada del neoliberalismo (que curiosamente está destruyendo la clase media), Manolito, pasó en menos de treinta años de hacer sus necesidades en un water para treinta personas en un patio de vecinos a tener catorce pagas al año, un mes de vacaciones, un convenio colectivo y horas sindicales. Algo que sin duda es merecidísimo y legítimo, no me m…

Santo Crucifijo de la Salud.

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Al margen de las creencias religiosas o la espiritualidad que uno pueda tener, ahora que la cuaresma nos regala los olores y la oportunidad de ponernos más místicos, al menos a mí me pasa, en una especie de revisión sobre planteamientos y que en agosto descartaría pensar plenamente, no puedo obviar nunca una fecha en el calendario. El miércoles de ceniza me acerco a San Miguel y contemplo la obra de José de Arce, el Santo crucifijo de la Salud. Y lo hago desde el agnosticismo y muy cercano al ateísmo. Quizás me pierdo muchas cosas cuando acudo a esa cita anual con esta perspectiva sobre lo divino y lo humano, pero actualmente es como las gasto. A continuación entro en la iglesia casi con apuro en una especie de subterfugio... Tomar la calle San Miguel desde la plaza del Arenal después de tomarme un café y entrar en la parroquia me da muchas satisfacciones estéticas. Me transporto al barroco del siglo XVII y cuando me presento ante el cristo, en el sagrario, me quedo impresionado. No …

De la calle Mariñiguez a la Alcubilla.

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Aquella mañana fue muy amarga en aquella casa de la calle Mariñiguez. Mi tía abuela Ramona Pérez Román estaba ayudando a su madre, que acababa de dar a luz, cuando llamaron con dos golpes secos a la puerta. No puede decirse que el miedo no la recorrió ni que no presagiara nada malo, el levantamiento militar estaba muy cercano y los falangistas iban por las calles ”haciendo limpieza” y llevándose a la gente con alguna vinculación con las izquierdas. Aterrada, sudando y presa por el pánico abrió despacio, como si quisiera demorar lo inevitable. Dos hombres de Jerez recios y con la barbilla demasiado alta preguntaban por su padre, uno alto y rubio y otro de mayor rango y edad, comenzaron a acosarla.¿Donde está su padre? Ramona no sabía nada, y era cierto, a sus 19 y con poco tiempo para la política y relegada a un papel secundario en aquella sociedad era consciente de la purga y la búsqueda de sus hermanos y su padre, pero nunca militó en algunos de los partidos con vocación democrática…